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Fwd: Principales manifestaciones religiosas africanas en Cuba

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From: JOSE DE XANGO <[email protected]>
Date: 14 jul, 08:58
Subject: Principales manifestaciones religiosas africanas en Cuba
To: Portal Umbanda


De: Orishas_Art
Natalia Bolívar Aróstegui — Valentina Porras Potts

En los anales que se guardan en el Archivo Nacional se hace mención a
la existencia desde 1568 de facto, aunque no de jure, de cabildos
negros en Cuba. Estas fueron asociaciones de negros africanos y sus
descendientes que pertenecían a una misma etnia o "nación". Aunque la
concepción colonialista sobre los cabildos los consideraba "una
reunión
de negros y negras en casas destinadas al efecto los días festivos
para
tocar sus atabales y tambores"[], los cabildos, presididos por un rey
escogido entre sus integrantes de más edad, jerarquía tribal o
religiosa, o por tres capatanes o capitanes y tres madrinas o
matronas,
elegidos todos por votación y ubicados por orden jerárquico, eran, en
realidad, asociaciones de socorro mutuo, escuela de la lengua y
guardianes de las tradiciones de cada grupo africano y, muy
especialmente, del culto a ciertas deidades como, por ejemplo, el
Cabildo de Changó en el barrio habanero de Pogolotti.

Sabemos, por ejemplo, que hacia los años 1880 vivían numerosos yorubas
precursores de lo que seria La Regla de Ocha o Santería en una finca
situada en Marianao, llamada "El Palenque". Todos eran ahijados de dos
santeros jimaguas muy populares y celebraban todos los años las
festividades de Oggún, Ochaoko y los lbeyis, orishas dueños y
patrones,
respectivamente, del hierro y los metales, las labranzas y los niños.
La Santería — nombre popular con que ha bautizado nuestro pueblo a lo
que
verdaderamente se llama Regla de Ocha — (Ocha-orisha: santo, deidad) —
desde su aparición en Cuba, con los primeros esclavos unidos en el
temor implantado por deidades católicas que infundían el pánico a sus
mentes ingenuas, fue un culto individual, familiar, de hondas raices
étnicas. Vivió el esclavo asombrado ante el cambio de su estadio
apacible en su África querida por un régimen explotador que no podía
entender, por el cruce de un océano lleno de peligros, encadenado,
despojado de los hábitos de su vida diaria. Algunos de ellos, de
estirpe real y procedentes de tribus con sensibilidades artísticas y
estéticas, trasladaron esos conocimientos a descendientes y
contemporáneos, que sirven hoya nuevas generaciones de cubanos de
inspiración inagotable.

Vamos a dividir el tema en tres períodos que marcan la evolución,
identificación e interrelación por los que pasaron todas las
manifestaciones religiosas hoy llamadas afrocubanas antes y después de
1959 y para nosotros: cubanas.

En las postrimerías de la primera mitad del siglo XVIII, los esclavos
practicaban el culto a determinada deidad que imperaba en el seno de
la
tribu de la que procedian. Por ejemplo: los de Oyó a Changó, los de
Egba a Yemayá, los de Ekiti y Ondo a Oggún, los de Iyesá e Ijebu a
Ochún. Cada una de esas deidades tenía elementos propios que la hacían
diferente de las demás y, sin embargo, poseían dos denominadores
comunes: la piedra y el caracol. Además, coincidían en las nuevas
tierras a donde habían llegado en los cantos — lamentaciones por su
tierra perdida — y en los toques o llamados secretos a sus adorados
orishas.

Al principio del siglo XIX, el alza del contrabando negrero apareja
una
evolución activa y una reafirmación en las creencias religiosas, tanto
de los que ya estaban en Cuba como de los que arribaban, ya que
renovaron elementos rituales quizás ya perdidos o en vías de extinción
por la inclemencia del trato inhumano de los terratenientes cubanos.
Este intercambio produce un salto cualitativo y da un paso más firme
hacia su futura identidad.

A mitad de este siglo surgen tres figuras casi simultáneamente en el
tiempo: Andrés Facundo Cristo de los Dolores Petit (más conocido por
Andrés Kimbisa en la Regla Kimbisa que él fundara y en la Sociedad
Secreta Abakuá, con la plaza de lsué de Bakokó Efor), Lorenzo (o
Ciriaco) Samá y la negra Adyai Latuán, de nación yoruba, quienes
dejaron sus sellos imperecederos en las manifestaciones religiosas
afrocubanas. Son estos dos últimos los que interesan a la hora de
examinar la Regla de Ocha.

Andrés Petit, hombre culto, fino, inteligente, Terciario de la Orden
de
San Francisco del convento de Guanabacoa que lleva ese mismo nombre;
lndiobón (jefe principal) de lsué de Bakokó, sociedad Secreta Abakuá y
Padre Nkísi de la Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje,
introdujo la unión de todas las manifestaciones por él conocidas de
estos complejos sistemas religiosos, tanto las de origen africano como
la católica, tratando de lograr con esto el más alto grado de
espiritualidad posible con la práctica indisoluble de la ética de los
blancos y de los negros. El sintetizó las Reglas de Palo en la Regla
Kimbisa, o sea, una mezcla de la Mayombería, la Brillumbería, el
Espiritismo (que empezaba ya a dejar raíces profundas en el mundo
imaginativo del negro) y las deidades del santoral de la Iglesia
Católica.

Estas, a su vez, se imbricaban en las creencias primitivas con un
folklórico surrealismo tropical en sus leyendas, identificadas con las
historias de vírgenes y mártires que tanto conmovían al pueblo
creyente
y supersticioso de nuestra Isla caribeña.

Siguiendo las huellas de nuestra nacionalidad con su comunidad de
lenguas, costumbres, tradiciones, psicología, etc., Petit aparejaba
inevitablemente una comunidad y uniformidad paralelas en el culto
religioso.

Lorenzo (o Ciriaco) Samá, que vivió en Matanzas, había recibido los
fundamentos del Santo y, más tarde, el sacerdocio de Ifá. Cuando se
trasladó a Regla, conoció a dos famosos religiosos, Tata Gaitán y
Obalufadei, quienes le exigieron que fuera asentado otra vez. Samá, un
hombre con imaginación inagotable, ágil de pensamiento, no comprendía
esa dualidad y esto lo llevó a una reflexión sobre la dispersión y la
falta de unidad que existía entre los cultos yorubas. Samá, que tomó
el
nombre de Obadimeyi (rey coronado dos veces), se hizo inseparable de
una negra de nación, de origen yoruba, llamada Adyai Latuán. De ella
se
dice que fue embarcada hacia Cuba en 1887, y que tenía asentado a
Changó, al que trajo de su África misteriosa y profunda.

Fueron Samá y Latuán quienes concibieron la idea de unificar los
diferentes cultos yorubas en un solo cuerpo litúrgico al que
denominaron Regla de Ocha.

La tercera fase evolutiva de esta Regla se la debemos a los profundos
cambios sociales después del año 1959, con el triunfo de la
Revolución,
cuando comienza dentro de nuestra Isla un bullir de corrientes
místicas
que invaden la capital: es un proceso de toma y daca, en cuyo decursar
ocurren fenómenos tan interesantes como el de las cartas leídas o
adivinadas a través de las deidades afrocubanas y el de los cantos del
espiritismo cruzado, que muestran gran influencia de los cantos
católicos oidos en épocas de nuestra juventud. Se incorporan e
identifican además, orishas, santos; égguns de todo tipo, los cuales
incluían familiares, personalidades, esclavos (tanto femeninos como
masculinos), indios americanos, comisiones de árabes, de chinos,
etcétera; la práctica del vaso de agua en la cabeza, produciendo
vibraciones para dar lucidez a la persona o medium, la cual habla del
pasado, el presente y el futuro del consultado, y así sucesivamente,
en
lo que muy acertadamente llamaría Don Fernando Ortiz, el ajiáco
criollo.

Nota

Ortiz, Fernando: Los negros esclavos, Editorial Ciencias Sociales, La
Habana, 1975.

Tomado de: NATALIA BOLÍVAR ARÓSTEGUI y VALENTINA PORRAS POTTS, Orisha
Ayé. Unidad mítica del Caribe al Brasil, Guadalajara, Ediciones
Pontón,
1996, pp. 12-15.

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Publicado por JOSE DE XANGO para Portal Umbanda el 7/14/2008 08:58:00
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