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Nuevo mensaje en Orishas Art

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De: Orishas_Art
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EL MÁS CUMBANCHERO DE LOS ORISHAS

Este cuatro de diciembre, como otros tantos en la historia de Cuba, La
Habana vibra con el toque de los tambores, acompañantes de danzarines
que con sus cuerpos y gargantas realizan, con voluptuosidad y fuerza,
sus ebbó para Changó, el más cumbanchero de los orishas.

Paquita Armas Fonseca| La Habana


Sobre los hombros musculosos de príncipes negros destronados hizo su
primer viaje. Mientras su cuerpo bailaba de manera voluptuosa, sus
ojos buscaban el rayo que no quería acudir a su invocación. Ya se las
vería con él, para eso era su amo, como también gobernaba al trueno.
Changó no podía suponer que años después, el más viril de los orishas
tendría que trasmutarse en una mujer (Santa Bárbara) para poder
sobrevivir, pero para eso faltaba tiempo. Solo sabía que hombres
blancos con lanzarrayos pequeños, habían conjurado la fuerza de los
guerreros en los que él se asentaba desde la primera noche de la
historia humana. Y también doblegaron a los hijos de Oggún, Obbatalá,
Orula, Ochún, Yemayá y todas las deidades de su familia yoruba.
Hijo de Yemayá con Aggayú, el dueño del río, fue despreciado por su
madre. Por eso Obbatalá lo crió y como lo reconoció en rol de hijo le
colocó un collar blanco y rojo. Muchachón revoltoso, Changó fue
expulsado del Congo por la Madre de Agua Kalunga. Tomó su tablero, su
castillo y su pilón, todo lo que tenía al bajar del cielo, y comenzó
su camino de desterrado. A Orula, hombre de respeto, le regaló el
tablero.
Con caracoles y coco adivinaba además de cantar, fiestar y fajarse.
Obba fue su mujer por casamiento, pero tenía de amantes a Oyá y Ochún.
Y como la primera era mujer de Oggún, se desató una guerra entre los
dos hombres. Una vez tuvo que esconderse en casa de Oyá y de ahí
Changó salió disfrazado con las trenzas que Oyá se cortó. Sus enemigos
pensaron que era una mujer.
Changó peleaba sin armas y por ello su padrino, Osain, le preparó un
sortilegio que le permitía echar candela por la boca. Esa es la razón
por la que cuando se oye tronar se dice que es Changó de rumba en el
cielo.
Esta, en síntesis es la leyenda (o pattakí) de Changó el orisha que
representa el mayor número de virtudes e imperfecciones: es
trabajador, valiente, buen amigo, adivino y curandero al mismo tiempo
que mentiroso, mujeriego, pendenciero, jactancioso y jugador.
Con sus hermanos, amantes, madre, padre, primos y todos los santos que
conforman el Panteón Yorubá, Changó realizó una emigración forzosa de
África a América, y tuvo un receptáculo especial en Cuba.
En la Isla cantó, lloró, bailó con los esclavos y esclavas que le
adoraban de forma oculta. A otros "orishas", los del catolicismo,
tenían que venerar y así Changó que un día salvó la vida disfrazado de
mujer, fue Santa Bárbara. Por todo el tiempo que duró la esclavitud e,
incluso, durante buena parte de la era republicana, el hombre
jacarandoso se ocultó en la saya de una mujer, que según la leyenda
fue degollada, luego de que su padre, un bárbaro, la entregara a los
tribunales por ser cristiana.
Lo cierto es que tanto con Changó, como con el resto de los orishas,
existen aún toneladas de prejuicios. Su origen africano lo hace a los
ojos "civilizados" un ejemplo de barbarie y marginalidad.
Pero fueron "los civilizados conquistadores" los que convirtieron a
reyes y príncipes africanos en esclavos, para ser tratados como
animales en una tierra lejana y ajena a la suya. Con el poder de la
pólvora pretendieron enterrar aquellos ritos extraños y salvajes con
los que negros y negras se comunicaban con sus dioses.
Una cultura milenaria, sin embargo, no puede ser arrasada, y los
cantos se dijeron bajito primero, más alto después, para que los
jóvenes, niños y niñas los aprendieran. Y también conocieron las
formas de adivinar, las yerbas buenas en la curación, los colores y
bailes que lleva cada orisha. A la par, no pocos "amos civilizados"
comenzaron a utilizar "la brujería" de sus esclavos y esclavas, claro
que a escondidas porque otros "blancos" no podrían conocer que ellos
"caminaban", como se dice de quien conoce o practica la santería.
Así, en un tortuoso y complejo proceso, se fraguó la sincretización.
Hoy no existe persona culta que pueda negar la enorme influencia de lo
yoruba en la cultura cubana. Porque si de espinela se vistió la nación
caribeña también lo hizo con el rojo y blanco de Changó, el azul de
Yemayá o el amarillo de Ochún.
Decenas de palabras provenientes de lo africano se incorporaron al
habla cotidiana, mientras la música cubana es la mejor síntesis de los
ingredientes europeos y africanos. Y si por décadas se practicó la
santería de manera oculta, hoy los blancos, junto a los negros, y por
supuesto, mulatos, convergen en los ritos que a las diferentes
deidades les hacen sus hijos e hijas.
Este cuatro de diciembre, como otros tantos en la historia de Cuba, La
Habana vibra con el toque de los tambores, acompañantes de danzarines
que con sus cuerpos y gargantas realizan, con voluptuosidad y fuerza,
sus ebbó para Changó, el más cumbanchero de los orishas.


SHANGÓ

Shangó se conoce porque vive en la ceiba y la palma, sus colores
emblemáticos son el rojo y el blanco (rojo porque representa la
virilidad, la música, el amor, el blanco por ser hijo de dos de los
Obatalases del Panteón Yoruba).


Santa Bárbara.
Viste de traje rojo y blanco y corona.
Dios del trueno y de la guerra, dueño de los tambores y la pólvora.
Vive trepando a las palmas, nadie las sube como él.
Le gusta la tela roja. Se le dice también el Toro Rojo de la Loma.
Embruja a las mujeres con zumo de la flor de flamboyán y con su falo
que mide 1/2 metro, y es duro y grande como la yuca.
El álamo es su manto.
La palma es su trono. Artillero del relámpago, echa candela por la
boca y humo por los pies.
A su paso, bajo sus pies, la tierra se pone ardiente.
Le gusta la jodedera, la fiesta, los tragos, los tambores y los pleitos.
Siempre anda pidiendo espada y sangre.
Sería invencible si no le tuviera el miedo que le tiene a los muertos.
Ante ellos huye despavorido.
De él son las plantas: jobo, pino, caoba, cedro, ceiba y mamey.
Su collar: Cuentas rojas y blancas.
Su mujer principal fue Oba, ella se cortó una oreja para ganar su
amor, pero él le pagó con el olvido y la trató con piedad y sin
pasión.
Él odia la piedad y la lástima. El solo quiere por amor, así deben
ser sus hijos en el amor.
Fuego, pasión, tempestad y mucho amor.
Come: carnero, gallo, guineas, codorniz, jicotea, amalá.
Frutas: plátano, guineos, mandarina, zapote, y otras.
Adimú: Harina de maíz con dulce.
Kalalú: Ajiaco de viandas.
En prenda: 7 Rayos.

Patakín
Se dice que cierta vez, Oggún le había tendido una celada para
matarlo, pero que llegó a oídos de Oyá este plan y ella fue a ver a
Shangó y se lo dijo, proponiéndole vestirlo con sus sayas de 9 colores
y cortarse sus trenzas y vestirlo de mujer.
Él aceptó la proposición; ella lo vistió, consiguió un caballo blanco
y un gato, montó a Shangó en el caballo, le puso el gato en la cabeza
y echó a correr a Shangó vestido de mujer por donde estaba Oggún, al
Oggún ver aquellos dos focos de candela venir hacia él, huyó
despavorido creyendo que era Oloni (diablo). Así es como es de donde
surge un mito o leyenda de que Santa Bárbara (Sahngó) es 6 meses
hombre y 6 meses mujer. También es por ese motivo que Oyá es la
concubina preferida de Shangó.

Shangó y Su Danza
En esta danza él, a veces se trata de exaltar la prepotencia fálica y
se acuden a los movimientos del onanismo y de la cópula sexual. Este
baile es casi siempre con su traje rojo y blanco y en la cabeza la
corona del rey. En sus manos lleva su hacha bípeda. Así comienza una
danza rápida, violenta, lujuriosa, arrogante y desafiante. En sus
movimientos llenos de violencia y frenesí, parece como si cada gesto
de sus brazos y de su hacha estuviera matando a un enemigo imaginario.
Siempre se le ve de frente temiendo dar la espalda, temiendo que en
cualquier momento llegue su enemigo Oggún a cobrarle lo que él le ha
hecho. Este es su hermano y enemigo, hay entre ellos una guerra a
muerte por su concubina Oyá, que Shangó le quitó. También en esta
guerra está el deseo de Shangó de cobrarse la traición y el ultraje
que Oggún le hizo a su padre Iba Ibo, que es el padre de los dos.
Al robarle Shangó la concubina a Oggún, él pensó que la deuda estaba
saldada, pero no fue así, ya que Oggún lo persigue a sol y a sombra,
de día y de noche. Por esta razón Shangó no le da la espalda. Él es
el dios de la fuerza, la vida y la virilidad, no le teme, como se ha
dicho, a la muerte, lo que pasa es que él odia y aborrece lo que ella
representa, que es lo opuesto a lo que él representa. Él es fiestero
y buscapleitos, camorras, y es muy parrandero. El repique del tambor
lo pierde, por eso él hizo el camino del aché de la adivinación al
viejo tamborero Orula que era el rey del tambor.
Un día Shangó quiso poseer el aché del tambor y le dijo al viejo Orula
que si quería cambiar el don de tocar y bailar por el don de la
adivinación del pasado, el presente y el futuro, por medio del Akuelé.
Cambio que le entregó la juventud la fuerza del tambor, y a la vejez
la letra de la experiencia.
Shangó se reconoce en toda regla de ocha como padre de los jimaguas,
pero hay quien dice que no son hijos de Ochún, sino que son hijos de
Oyá y otros que son hijos de Shangó y Yemayá. Sus nombres son tabó y
kaindé (o sea San Cosme y San Damián); pero también hay quien conoce y
adora a dos jimaguas hembras llamadas Olori y Ordina ( San Justa y
Santa Rufina).
A Shangó cuando es hombre se le llama Ayala yeo, que significa bonito
y guarachero; pero cuando es niño se le dice Oloo fina koké. Al
Shangó que sube a la palma se le llama Lubbeó que es el heredero
legítimo y universal de Obatalá, la principal. Shangó en desgracia
habla por Obbara. Según se investigó y se recogió de algunas libretas
de Babalochas y de Iyalochas, presento los siguientes avatares o
nombres de los de Shangó que conocemos:
1-- Obbalube.- por ser rey y esposo de Obba.
2-- Obakosó.
3-- Oboyé-- es el más fuerte y terrible de todos.
4-- Alafí u Olufina.-- es como se conoce de niño.
5-- Olodí. -- es el que vive o tiene el castillo.
6-- Imá o Izú.-- es el dueño del rayo y el trueno.
7-- Jevioso.
Shangó se conoce porque vive en la ceiba y la palma, sus colores
emblemáticos son el rojo y el blanco (rojo porque representa la
virilidad, la música, el amor, el blanco por ser hijo de dos de los
Obatalases del Panteón Yoruba).
Este orisha es muy justiciero, pero castiga la desobediencia con el
fuego, los suicidios, las descargas eléctricas, las quemaduras.
Niwas preferidas por este orisha: granios, granada, pino, piñón de
botija, pitahaya, plátano, platanillo de Cuba, resedá, rompesaragüey.
A este orisha se le saluda con este rezo:
Eluweken aché osain. Chereré adaché
kokoní jikojí. Omo la defitini
cheribinu olusó. Bogwa ayalú
kosó (agó)
Canto a Shangó:
Solo: Aladdó moti awá
Coro: Ea
Solo: Obbá oso Aladdó
Shangó moti awá
Coro: Ea.
Solo: Alá molé bi
Coro: Ea
Solo: Eñi la ma dolá koke
Coro: Ea
Solo: Addeún Eleshá
Coro: Ea
Canto enigmático o de puya a Shangó:
Iyá, ma Iché, lobí Shangó:
Iyá, ma Iché, lobi Shango
Bobó arayéw oní kelé
Iyá, ma Iché, lobí Shangó.
Este canto se hace para ofender a Shangó y decirle: ¿Qué madre te
concibió y parió, Shangó? Todos en esta casa lo queremos saber ¿O es
que Shangó no tienes madre?

Imágenes del tema de konradlew. Con tecnología de Blogger.
Published By Gooyaabi Templates