Patakí de Orisha-Oko
Obatalá tenía grandes plantaciones de ñame. El ñame era fruto sagrado, con poderes mágicos: en la noche hablaba como una persona y podía hacer hablar a éstas durante el sueño. Obatalá necesitaba alguien que atendiera los cultivos, pero tenía que ser muy discreto, porque se hacía mediante una fórmula secreta. Como no podía ser fiestero ni mujeriego, Obatalá se decidió por Orisha-Oko, un joven labrador conocido por ser no sólo muy serio sino también casto. Fue así que los ñames crecieron debajo de la tierra sin que nadie supiera cómo.
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