Extraido de la Pagina de Facebook : Imágenes Hermosas de nuestra Umbanda


Cuenta la historia que hace muchos años, en el reino fastuoso de un monarca africano, nació su hijo primogénito a quien llamaron Elegua. A los 8 años, el niño era muy precoz, osado, travieso y daba mucho trabajo a sus progenitores. Un día, caminando por la orilla del mar con su guardián, vio un objeto brillar junto a una palmera y corrió a tomarlo.

Su guardián trató de impedirlo previniéndole que podía ser un objeto peligroso, ya que se veía raro: tenía dos intensas luces en el lugar de los ojos y una nube blanca y leve salía de su boca, pero Eleggua se escapó de las manos de su protector escolta y corrió a tomar el objeto para llevárselo.

Cuando lo tuvo vio que era el fruto de un cocotero y quedó fascinado, entonces oyó una voz que le decía "cuídame y líbrame de las polillas y los gusanos que querrán comerme con el tiempo; si me proteges, te daré salud y prosperidad". El niño prometió al coco cuidar de él mientras viviera y lo llevó al castillo.

Allí contó su historia a su padre y a toda la corte, pero todos se burlaron de él y jugaron pelota con el coco, tirándolo de un lado a otro sin que Eleggua pudiera evitarlo y el consejero del rey le dijo a éste: "tu hijo te dará problemas con esa imaginación que tiene, vamos a esconder el coco para que se olvide de ese invento".

Pero ese mismo día el niño enfermó y tres días después murió. La corte y todo el pueblo lloraron la muerte del príncipe. Llamaron a un adivino que les dijo que un genio bueno que vivía encerrado en el coco había sido ofendido y ultrajado y que por eso había muerto el príncipe.

A partir de ese momento el rey, arrepentido, mandó venerar al coco, pedir su perdón y protección, pero los ojos del coco nunca más volvieron a brillar. Consultado nuevamente el adivino dijo: "debemos ponerle ojos, boca y oídos para que nos escuche y pueda hablarnos". Así que le incrustaron unos caracoles en el lugar de los ojos y el genio volvió a ver.

Luego le incrustaron dos conchas en los oídos y el genio volvió a escuchar sus plegarias. Por último, le pusieron una boca y el genio habló y transmitió toda su sabiduría a aquel pueblo ignorante y lo perdonó.

Aquellos caracoles que el adivino usó eran bucios, desde entonces los bucios adquirieron el don y el poder de comunicar a los mortales sus designios a través de la adivinación, así como la voluntad de los espíritus de los muertos y la de los dioses.

El coco, a quien pusieron el nombre del príncipe Eleggua, fue desde entonces adorado y consultado con respeto por todos los sabios, adivinos y curanderos de todos los tiempos.
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