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Ọ̀tìn, la diosa con cuatro senos

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Traduccion : Awo Faleye

El origen del río ọ̀tìn se encuentra en el bosque cerca de la ciudad de ekoende. La fuente en sí es pequeña, pero su volumen aumenta notablemente rápido. Ahí, en la fuente están las cuatro rocas-senos de diosa ọ̀tìn. Ella era una hermosa princesa, que nació con cuatro senos. Cuando ella creció, su noble padre siguió negándose a todos los pretendientes de ella, temiendo el esfuerzo que podría suceder cuando la anomalía de la niña fuese descubierta. Cuando ella finalmente cayó de amores por un buen cazador, e insistió en seguir con él como su esposa, su padre le permitió con la condición de que él nunca intentaría mirar su cuerpo desnudo. El cazador, a su vez, pidió que ella jurara nunca mirar sus medicinas sagradas (magia).

Vivieron felices por algún tiempo. Hasta que una vez, cuando él estaba ausente, en una de sus expediciones de caza, densas nubes de lluvia vienen seguidas por una tormenta. El cazador se había expandido sus artículos herbales, acomodando su amuleto secreto para secar en el techo. Olvidando sus acuerdos mutuos, ella en un acto de bondad se apresuró a recoger los bienes más preciados de su esposo. En el mismo instante que el hombre había llegado a casa y la vio manipulando sus hierbas medicinales. Enfurecido, él la desnudó y vio sus cuatro pechos. Él vocifera y, totalmente miserable, ella se convirtió en un río, dejando a sus cuatro pechos hacia atrás. Hasta hoy, maldiciones y plagas contra ọ̀tìn se vuelven en contra de quien las haya pronunciado.

Ira condujo el cazador a las profundidades de la tierra, de donde sale para cazar o luchar en defensa de sus seguidores (en la ciudad de ọbà). Él es actualmente la divinidad ọbẹ̀dú. En el festival anual de ọ̀tìn en òṣogbo, la alta sacerdotisa baile con un gran bote en tu cabeza hasta que la diosa baja (incorpore) sobre ella. Poco antes de caer en un profundo trance oracular, ella rompe el bote fragmentandolo en muchos pedazos, por los cuales los devotos compiten en una lucha teatral. Ellos depositan estos pedazos en sus altares para la diosa, de donde los favores de la misma, hijos, emana para ellos.

Los ritmos de la percusión para ọ̀tìn se ríen de ella repitiendo los mismos patrones hasta el agotamiento. La percusión pregunta-a si ella piensa que es el único òrìṣà, por causa de sus poderes profundamente extasiantes, conocidos de todos los que han participado de sus rituales.

El mito de ọ̀tìn en todo su ingenio, disuade a la mente inconsciente de lidiar con el íntimo de nosotros mismos y de los demás sin la preparación necesaria ritualista.

Por Susanne Wenger (àdùnní olórìṣà).
 Traducción de Roger Vinicius santos celestini.
 Yoruba de hérick lechinski.

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