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¿Quién es Iroko? Por Aguila de Ifa

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Ketu era el extremo occidental de los siete reinos históricos Yoruba. La tradición yoruba dice que estos reinos fueron formados por los descendientes del Orisha Oduduwa, cuando fueron movilizándose hacia el oeste de Ilé-Ife. A Oduduwa se le atribuye la creación de la Tierra, por orden de la deidad suprema Olorun




Se acredita a Sopasan como el primer Oba (rey) en la línea de Ketu, a pesar de que la ciudad no existió durante su vida. Sin embargo, él fue quien dirigió a la gente de Ilé-Ife que habitaría Ketu. Sólo el séptimo rey, Ede, finalmente fundó la ciudad.
La ciudad se estableció en una meseta con tan pocas fuentes de agua que inclusive dio origen a un refrán entre los yoruba: "El agua se convierte en miel en Ketu". Para compensar, los habitantes recolectaban agua de lluvia en cisternas y pozos secos. Esta falta de agua limitó el tamaño del asentamiento. Sin embargo, la meseta proporcionó una protección excelente. Ketu fue conquistada sólo una vez en toda su larga historia.
La ciudad fue construida alrededor de un árbol sagrado de Iroko. Según la costumbre, un sacrificio humano era necesario para proteger la ciudad. Un jorobado de una comunidad cercana de Ewe (Arará), fue sacrificado en la entrada de la ciudad y fue por este acto que se dice que fue lo que dio el nombre a la ciudad. La pregunta era "¿Quién endereza la joroba de un jorobado? ¿Quién puede romper a nuestro pueblo?" que en Yoruba sería "Ke 'tu ike? Ke fo Ilú?". A esto la respuesta era: “Nadie puede enderezar un jorobado, así que nadie puede destruir la ciudad. El decimocuarto oba, Sa, construyó una enorme puerta en ese mismo lugar. La puerta, fue hecha de madera de Iroko y esta entrada contenía dos puertas de madera, una exterior y otra interior. Se le dio el nombre de “Idena”, lo que significa "centinela".
Desde la puerta se extendía una inmensa pared de barro que rodeaba la ciudad. Fuera del muro se extendían grandes zanjas de las que se había excavado la arcilla, proporcionando así una mayor protección. Como defensa final, una hilera de espinos estaba plantada fuera de la zanja.
El Rey de Ketu toma el título de Alaketu, lo que significa "El que posee Ketu". Desde el vigésimo quinto Alaketu, la posición de rey ha girado entre cinco diferentes familias reales: Alapini, Magbo, Aro, Mesa y Mefu.
Al oeste, Ketu compartía frontera con los pueblos fon, que eventualmente fundarían el reino de Dahomey y se convertirían en sus mayores rivales. Después de muchas guerras y mucha historia, Ketu y sus vecinos Fon cayeron bajo dominación francesa y finalmente se unieron a la nación moderna de la República de Benín, mientras que la mayoría de los otros reinos Yoruba cayeron bajo control británico y finalmente se convirtieron en parte de Nigeria.
Hoy en día, Ketu todavía existe bajo el nombre francés de Ketou. Es una ciudad con una larga y rica historia, que puede trazar a sus reyes y tradiciones desde hace más de seiscientos años. Muchos viajeros visitan Ketou y hablan con el propio Alaketu para aprender mucho de esta magnífica historia.
En la República de Benín se contabilizan unos 200,000 habitantes de habla yoruba y que conforman un 9% de la población. Ellos fueron llamados Anago, Nago o Nagot, palabra que probablemente deriva de un nombre despectivo que les daban los Fon (ararás) y que también es aplicado a ciertos grupos Yorubas occidentales. (Kingdoms of the Yoruba. Robert Sydney Smith)
Como podemos ver, la fundación de Ketu, tuvo desde sus inicios, a Iroko no solo como un árbol sagrado, sino como un centinela o guardián. Iroko era motivo de adoración para los Ketú y muchos otros grupos conocidos como Anago. Como todo en tierras yoruba, cada cultura encontraba su propia forma de adoración de una deidad.
En Cuba, no existe el árbol de Iroko. Según nos describe Lydia Cabrera en su libro El Monte, vemos como la Ceiba (Aragba), sustituyó a Iroko como árbol, pero no como deidad, veamos:
“Algunos viejos coinciden al explicarme que en Cuba no había Iroko, que es una especie de caoba africana, y que los lucumís llamaban arabbá a la goma francesa —que Sandoval también conoce por gógó—. Sin embargo, la ceiba les recordó a iroko, y la denominaron y «consagraron» con el nombre que en África se daba a un árbol inmenso, muy semejante, e igualmente venerado en toda la costa de Guinea. Ocurrió lo mismo con otros muchos árboles.
«Aunque la ceiba no es Iroko legítimo, se la considera como Iroko; y se la conoce unas veces por Iroko y otras por arabbá». «Aquí la ceiba es como Obbáburo: un árbol de África, donde se hace fiesta»”.
Es muy claro que para nuestros viejos, la ceiba no era el árbol de Iroko, pero en él acomodaron a todas las deidades que se dice que van a Iroko. Ya podemos ir comprendiendo que esta escogencia, partió de la necesidad y de esta forma la ceiba comienza a ser el centro de adoración de Iroko. De hecho, inclusive nos muestra El Monte, que esta adoración de Iroko, les llegó a los Ketú, por medio de los Fon y Ewes, cuando la autora nos dice:
“Iroko es del santo Oddúa, que vive arriba en la copa». «Iroko es tronco de Olofi; el palo más santo y misterioso». Mas Iroko, o iroke, «puro lucumí Oyó» —lóko, se llama en Dajomi—, es un Orisha dueño de la ceiba, y a esta se la designa convenientemente con el nombre de Iroko, «que es santo varón y viejo; tiene una mujer, Abomán, que vive también en la ceiba, y una hermana que se llama Ondó»”.
De hecho, podemos ver que en este caso, Iroko era tratado como un Orisha masculino tiempo atrás y que se consideraba Oyó, por lo que no es extraño, que su adoración, no solo nos llegara por los Aanagó, sino por medio de muchos creyentes Oyó.
Sin embargo, según muchos libros, no es claro que este sincretismo se haya dado en Cuba. Las sospechas que esto viniese de esta forma de África, son bastante evidentes. El árbol de Iroko es conocido como Milicia excelsa y en inglés es llamado de la misma forma: Iroko. La ceiba es conocida como Ceiba pentandra y en inglés se le conoce como silk-cotton tree o Árbol de Algodón de Seda. En este caso, podemos citar que el Coronel Alfred Burdon Ellis en su libro Yoruba-Speaking Peoples of the Slave Coast of West Africa Their Religion, Manners, Customs, Laws., Language, Etc. 1894, nos dice lo siguiente:
“EL IROKO (ÁRBOL DE ALGODÓN DE SEDA), también está habitado por un espíritu, pero no es muy poderoso o malicioso, y cuando un hombre desea cortar tal árbol, es suficiente protección para él invocar el espíritu de su propia cabeza, frotando un poco de aceite de palma en su frente. El Iroko se utiliza principalmente para la construcción, de donde probablemente viene a ser un emblema de refugio. Un proverbio, refiriéndose a los riesgos que un hombre corre al cortar árboles habitados por espíritus, dice: "El hacha que corta el árbol no tiene miedo, pero el leñador cubre su cabeza con etu (un polvo mágico)".
Como podemos ver, Ellis también llama Iroko a la ceiba y no al propio árbol de Iroko. Ellis hizo sus estudios en las propias tierras africanas y no en Cuba y de hecho, a la vez indica que en él habitaba un “espíritu”. Es más, lo conocía como un emblema de refugio, lo que puede dar motivo a su sincretización con la Virgen del Camino y protector de los caminantes.
En otro marco, los estudiosos Adesiji, G. B. y Babalola, Folaranmi Dapo, en su libro ‘Sacred Forests: Indigenous Knowledge and Cultural Beliefs for Conservation of Forests in Ifo Local Government Area of Ogun State, Nigeria’ in African Journal of Sustainable Development 2(1): pp. 117-134. 2012. Indican que “uno de los árboles más venerados en el Sudoeste de Nigeria y en África Occidental es la Milicia excelsa (el Iroko) y que es adorado y también se utiliza para diversos fines espirituales y festivales culturales. En el sudoeste de Nigeria y más allá, se cree que los espíritus, conocidos por diferentes nombres como Oluwere e Iroko, viven en el árbol, así como los espíritus de bebés que murieron prematuramente (llamados abiku entre los yoruba)”.
No solo esto, estos estudiosos también indican que la Ceiba es un árbol venerado en Nigeria, por lo que no podemos extrañarnos, de que nuestros viejos la hubiesen visto como sagrada. Lo importante es que podemos ver que Iroko es una divinidad adorada a lo largo del sudoeste de Nigeria y no una invención cubana, como muchos improvisados del tradicionalismo quieren asegurar.
Para muchas tribus Yoruba, existen muchos árboles que son sagrados y considerados Orishas. Esta no es una adoración que haya partido de Cuba, como muchos de estos “tradicionalistas” quieren hacer creer. De hecho en su libro Hail Orisa!: A Phenomenology of a West African Religion in the Mid Nineteenth Century. 1997. Peter Rutherford McKenzie, nos dice lo siguiente:
“Otro árbol Orisha fue el árbol de algodón de seda (Ceiba). En 1878 en Abeokutá, Samuel Doherty, un catequista Egba, conoció a un sacerdote de Ifá que “acababa de colocar un sacrificio en un árbol de Algodón de seda (Araba o eegun)”.
Como se puede observar, esto es compatible con lo que marcan nuestras tradiciones y registra nuestra historia, cuando decimos que los muertos (Eggun), va a la ceiba. Esto tampoco fue un invento cubano, ya que podemos observar que un Babalawo en Abeokutá, colocaba ofrendas en este árbol, que era considerado también un Orisha. Más a nuestro haber, cuando este mismo autor nos dice:
“Por otro lado, otros árboles como el Iroko, son ampliamente conocidos como sagrados de una forma más permanente o sentido universal. Es hacia este árbol al que miramos, con ejemplos extraídos de las zonas de Egbado, Lagos, Ketu, Egba y Ijaye.
Cerca de la villa de Ogudu, al sur de Otta había “un fino árbol de Iroko, que era sagrado para las personas – siendo adorado como un dios por ellos”. James White, un pastor Egba en Otta, en sus tablones para la construcción, tal como los constructores de hoy en día. El jefe de la villa sin embargo, mantuvo que ese era su Orisha y que su adoración era costumbre de sus antepasados.
Al sudoeste de Otta, en Badagry, Samuel Pearse, un catequista Egba, nombró a Iroko como uno de los “dioses nacionales” de los Popo, a quienes los “padres dedican a sus hijos y dominan a sus esclavos por medio de la iniciación.
Anteriormente, en Lagos, la cabeza o baale y la gente del complejo cerca del Mercado Faji, fueron reportados por T.B. Wright, el catequista Egba, de ser adoradores de Orisha Iroko. Este les daba todo lo necesario, aunque consideran el Islam como una alternativa. En Ketu, la ciudad misma, fue construida alrededor de un árbol sagrado, el Iroko, su axis mundi.
Quizás el relato más revelador de Iroko como Orisha, es el de Adolphus Mann en Ijaye en 1854. Una gran procesión de Olorishas, llegó una noche de agosto a un árbol de Iroko en el complejo CMS. Ellos pusieron sacrificios de maíz y frijoles para el Orisha. También comieron una comida de comunión y luego procedieron a su danza sagrada ante el hermoso árbol, duro como el hierro. Las ofrendas fueron más tarde consumidas por un perro, seis ovejas, que en este caso, son familiares del Orisha”.
Como podemos observar, la adoración de Iroko como Orisha, no es un asunto que se diera en Cuba, sino que este venía con un culto definido, en las propias tierras africanas. Como hemos mencionado, la adoración de árboles, animales y hasta puntos geográficos, es una práctica común en Nigeria y otras regiones africanas. En Cuba, a falta de Iroko, fue Araba, la que acogió, estos diferentes cultos, ya que no tuvieron el árbol para ello, pero aún así, salvaron el culto de este Orisha que hoy en día poco a poco se pierde.
Espero que esta cápsula educativa sirva para que cuando los improvisados del tradicionalismo te digan que Iroko como Orisha no existe y que es un invento Cubano, les restreguemos en la cara, que esto lo heredamos directamente de África, de la tradición que ellos dicen practicar, pero que obviamente desconocen totalmente.
Tu amigo de siempre,
Águila de Ifá
Imágenes del tema de konradlew. Con tecnología de Blogger.
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