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La ciudad tiene más de cuatrocientos años impresos en su arquitectura, símbolo de la era colonial, y una cultura negra, resultado de la influencia africana. Pero Salvador, la capital del estado de Bahía, al nordeste del país, va más allá de la historia y las leyendas: es magia, exotismo. La ciudad está dividida en dos partes: la ciudad baja , que se encuentra a nivel del mar y abarca el puerto viejo y el distrito comercial, donde se encuentra una completa gama de artesanías y arte brasileño.

Por: REDACCION EL TIEMPO  17 de marzo 1994 , 12:00 a.m.
Quienes deseen llevar un regalo típico de Bahía, lo encuentran en este enorme mercado, en donde se puede adquirir lo divino y lo humano. Allí se encuentra una enorme gama de objetos artesanales como el berimbau , muñecas vestidas como baianas (todas de blanco como en la era colonial), productos de cuero, trabajos de plata y madera, dulces de coco y picantes.

También en la ciudad baja se puede disfrutar de una sesión de capoeira , un arte marcial desarrollado por los esclavos traídos a Brasil, que era en sus orígenes una forma de combate y que con el tiempo se transformó en una danza de tradición folclórica. Quienes lo practican lo hacen siguiendo el ritmo marcado por un berimbau , instrumento local de percusión hecho con una cuerda estirada en un arco de madera.

Subiendo por unas escaleras o por el famoso Elevador Lacerda, se llega a la Ciudad alta , donde se encuentran los edificios del gobierno, casas residenciales, museos, iglesias y gran parte de la arquitectura más moderna.

Todavía, esta ciudad fundada por Tomé de Souza en 1549 mantiene sin alteraciones la fuerza y el encanto de sus casonas coloniales, fuertes y conjuntos arquitectónicos, como el Pelourinho, uno de los más importantes del Brasil. Es justo en ese local donde empieza el Centro Histórico de Salvador, el cual va desde el Terreiro de Jesús, hasta la Plaza de los Quinze Misteiros.

Sorprende, igualmente, la cantidad de iglesias que se encuentran dispersas por la ciudad. Se dice que alberga una para cada día del año, pues suman en total 364. Estos monumentos son una alegoría al catolicismo, religión oficial del país, aunque en el estado el sincretismo religioso es muy fuerte. El candomblé, la religión africana de los esclavos, creó raíces y se mezcló con las creencias indígenas y portuguesas.

Allí se erige una iglesia única: la de Nossa Senhora de Rosario sos Petros, construida por los esclavos en sus pocas horas de descanso. Todas las imágenes que allí reposan son negras. Llama igualmente la atención la iglesia de Sao Francisco, o Iglesia de Oro , pues es la más rica en todo el estado, con su estilo barroco y su interior pintado en oro.

Muchas de estas construcciones religiosas han sido convertidas en museos, entre los que se destacan el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo de Arte Sacra, ubicado en un antiguo monasterio y el Museo Costa Pinto, considerado el más importante de la ciudad, pues expone muebles y cristales antiguos.

Más que tradiciones religiosas, esta es una de las provincias más ricas en manifestaciones folclóricas del país. No en vano posee un largo calendario de fiestas durante todo el año. Y es, ante todo, la tierra de los grandes escritores contemporáneos: allí nació Jorge Amado, conocido por sus obras Gabriela, clavo y canela y Doña Flor y sus dos maridos. Para muchos viajeros, Salvador es sinónimo de sol y arena. Sus playas son bordeadas por aguas tranquilas con blancas arenas y sombra de palmeras. Se encuentran en los cincuenta metros de playa que bordean el estado. Estas comienzan en la Bahia Dos Santos, en el pueblo de la Barra, y van a morir en Itapoa.

Aunque allí hay playas para todos los gustos. Quienes prefieran unas más tranquilas, las encontrarán en Puerto Seguro, ideal para el descanso absoluto. Arenas suaves, mar calmado, se encuentran en playas como Nutá, Coroa Vermelha, del Cruzeiro y de la Ajuda. Con fácil hospedaje, además de buenos hoteles y sitios para camping.

Antes de partir se debe dar un paseo en barco por la Bahía de Todos los Santos y sus islas paradisíacas. Este sale todos los días del terminal de Salvador, y recorre la isla de los Frades, la de Itaparica hasta alcanzar la zona conocida como el horizonte de Salvador , repleta de playas, mar suave y transparente.
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