“No hay Oxún sin Oyá, ni Oyá sin Oxún”

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  Oxún, diosa del amor y la belleza, gobernaba en la ciudad de Osogbo, la capital del estado que lleva su nombre. En cambio su hermana Oyá, oriṣa de la tormenta, era la diosa del Río Níger y gobernaba en toda la extensión del mismo.  

  Un día Oxún soñó con Oyá. En el sueño veía cómo su hermana era violada y asesinada por los mismos hombres a quienes gobernaba. Entonces preocupada por la revelación de ese sueño fue con Ọ̀rúnmìlà en busca de adivinación. 

  En el osode (consulta de Ifá) aparece el òdù “Ọ̀kánran Sọ́dẹ” donde se habla de la traición. Y justamente, atando cabos, Oxún se da cuenta de que había una conspiración en contra de su hermana Oyá. 

  Ifá le marca hacer ẹbọ (sacrificio) con un gallo, dos gallinas, cinco palomas, un vestido de nueve colores y la ropa que traía puesta. Dándole la indicación de que ambas oriṣas debían intercambiar roles para confundir al enemigo.

  Oxún escuchó y sacrificó. Terminado el ẹbọ, se vistió con la prenda de los nueve colores y envió a su hermana el hermoso vestido amarillo que antes traía puesto.

  Tan pronto llegó el vestido a las manos de Oya, se lo puso y salió en dirección la plaza para lucir su nuevo atuendo. Los habitantes del pueblo se quedaron maravillados por la belleza de su Reina mientras algunos de sus detractores no creían lo que estaban viendo y la confundían con la diosa del amor. Pero Oxún vivía al otro lado del pueblo y vestía con las ropas de Oyá. Había mucha confusión, pues era tanto el parecido entre las dos oriṣas, que no se podía distinguir quien era una y quién era la otra. 

  La gente empezó a pensar que el poder de Oyá y Oxún era tan grande que se podían transportar largas distancias sin ser vistas ya que ambas salían a la plaza vestidas, lo mismo de amarillo que de diferentes colores. 

  La rebelión se disipó y los cabecillas confundidos, fueron a casa de Ọ̀rúnmìlà para esclarecer la situación. En la adivinación vuelve aparecer el òdù Ọ̀kánran Sọ́dẹ donde Ọ̀rúnmìlà les dice que Oyá y Oxún son Ọ̀kán Nani (un solo corazón). Ambas son oriṣas dignas de mucho respeto. Oxún es la diosa del amor, la belleza y de los buenos sentimientos. Oyá es la diosa del Río Níger, la dueña de los vientos, del mercado y de la plaza, oriṣa benevolente y compasiva por las buenas pero por las malas puede llegar a ser la guerrera más temible. “No hay Oxún sin Oyá, ni Oyá sin Oxun. 




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